domingo, 31 de marzo de 2013

LAS MISIONES DE LA SIERRA DE SAN PEDRO MÁRTIR:

Santo Domingo de la Frontera y San Pedro Mártir de Verona

Texto y fotografías
por: Luis Manuel Guzmán Muñoz 



             No debe caber la menor duda que en la península de Baja California existen sitios tan bellos
y llenos de historia, como en el centro de la república. Todos, son atractivos y en algunos casos son poco accesibles. Muchos están a corta distancia de nuestros hogares, y otros, a días de distancia, y podemos casi afirmar que en su mayoría son desconocidos.
Cuando hablamos de la conquista de la península bajacaliforniana debemos recordar que ésta, tuvo como pilar fundamental la construcción de misiones. Esta actividad que se dio en Baja California, inicio hace unos  300 años, cuando estaban en apogeo las exploraciones para buscar sitios estratégicos y nuevas tierras en el Nuevo Mundo. Algunos de los requisitos principales, que debían reunir los sitios, era, que debían tener agua, tierras para la agricultura y suficientes indígenas a quienes evangelizar.

Sierra poblada de pinos en las montañas de Baja California
Foto: Luis  Manuel Guzmán Muñoz 
Normalmente esta tarea, era llevada a cabo por extranjeros venidos de Europa, que detrás de sí dejaban una forma de vida muy distinta, a la que encontraban en estos territorios. Sin embargo, esto no fue motivo para dejar de explorar, fundar misiones y difundir la fe cristiana en toda la región peninsular. Para el éxito de esta labor, es necesario mencionar la participación de los indígenas, que fueron los encargados de dejar los caminos abiertos, que sobre la marcha iban construyendo para el tránsito de proveedores y visitantes que vendrían posteriormente.
Cada una de las exploraciones eran documentadas para informar de los hechos a la corona española. Actualmente existen cientos de documentos guardados en los archivos de la nación, esperando a ser estudiados y analizados por profesionales para estudiar, inferir, conocer y re-explorar lo que ya teóricamente conocemos.
Re-explorar es una actividad interesante y emocionante, en el municipio de Ensenada se construyeron, trece misiones, todas ellas fundadas por frailes jesuitas, franciscanos y dominicos, de las cuales, ocho quedan a pocas horas de camino de nuestra ciudad.
La construcción de las misiones tuvo sus altas y bajas, en algunos casos por falta de dinero y apoyo, y en otros, por cuestiones políticas que afectaron considerablemente el desarrollo de la fundación de misiones. Ya a mediados del siglo XVIII los españoles ya tenían un claro panorama de que la península era la columna vertebral para avanzar y conquistar por tierra la parte oeste del continente. Para ello se dedicó mucho esfuerzo y dinero para poder expandir los territorios, en 1766 el padre Wenceslao Linck realizó la última y más importante expedición que hicieran los jesuitas. Encontraron sitios estratégicos para el establecimiento de nuevas misiones, Huiricata fue el sitio donde posteriormente establecieron la misión de San Fernando Rey de España Velicatá, en el año de 1769. Además durante este tiempo exploraron la región de la sierra San Pedro Mártir.
Por cuestiones políticas la orden Jesuita fue expulsada de los dominios de España en 1768 siendo los franciscanos quienes sustituyeron a los jesuitas.
 En ese mismo año los dominicos solicitaron se les concediera permiso para fundar misiones en la California, finalmente en 1772 llegaron a un acuerdo que beneficiaba a ambas partes. California se la dividieron en dos, los dominicos iban a trabajar entre la misión de San Fernando Rey de España Velicatá y San Diego, y partir de ese punto norteño, los franciscanos iban a continuar. Este fue un acuerdo que permitió continuar y avanzar notablemente en la fundación de misiones. 
Una vez que se iniciaron nuevamente los trabajos de exploración, los dominicos pusieron especial atención a un sitio que llamaron Viñadaco, ahí decidieron fundar una misión, y pensaron, en que ésta fuera el enlace y punto de partida para otras exploraciones. La misión que fundaron ahí en 1774 fue Nuestra Señora del Rosario, de este lugar estratégico se planearon las siguientes misiones: Santo Domingo de la Frontera y la de San Pedro Mártir de Verona.
 MISIÓN DE SANTO DOMINGO DE LA FRONTERA 


Santo Domingo de la Frontera
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
Para 1775 se fundó la misión de Santo Domingo de la Frontera, por los padres Fray Manuel García y Fray Miguel Hidalgo (homónimo del padre que inicio la independencia en 1810), sin embargo en 1798 la misión fue trasladada seis millas arriba, al  sitio donde actualmente la conocemos.
Hoy en día el acceso a las ruinas de la misión de Santo Domingo de la Frontera se localiza a 9 kilómetros al Sur del poblado de Camalú, la desviación se encuentra sobre la carretera transpeninsular que indica su ubicación. El viaje es corto, sobre un camino de terracería que se encuentra en buenas condiciones.
Misión de Santo Domingo de la Frontera
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Misión de Santo Domingo de la Frontera
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Misión de Santo Domingo de la Frontera
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
De dicha misión solo quedan algunas paredes que han resistido al paso del tiempo y, el camposanto adornado en la entrada con un gran arco color blanco. Existen grandes áreas  de cultivo, donde seguramente alguna vez también fueron las tierras de cultivo de los misioneros donde produjeron maíz, garbanzo, frijol, nopales, aceitunas, granadas, peras y uvas. Además del comercio de pieles de nutria y sal, entre otros. Todavía en algunos ranchos aledaños a la misión, aún conservan arboles viejos de higos y olivos que probablemente datan de la época misional.
Una de las tradiciones que se han mantenido, es realizar la bendición del lugar el día del santo que dio motivo al nombre de la misión. Este evento conocido como “fiesta misional” se celebra el 4 de Agosto de cada año, es organizada por los habitantes de la localidad. Las actividades que se realizan en dicha fiesta son variadas, se levantan carpas donde se instalan puestos de venta de comida, concursos de lotería y otros juegos propios de las ferias. La actividad más emocionante que se realiza en la fiesta es, sin duda alguna, el jaripeo, donde participan vaqueros del Estado y de la región.
Utilizan vestimenta propia para la actividad, y en especial mención las  chaparreras  que protegen en su totalidad a las piernas una vez preparados, montan a los caballos broncos, cuya única finalidad es intentar domarlos, los vaqueros tienen en mente que sino los dominan, saldrán disparados hasta caer al polvoriento ruedo.
La festividad cobra aún más vida, con los conjuntos de música norteña que tocan sin parar hasta altas horas de la madrugada. La fiesta es una forma de distracción y esparcimiento entre la gente dedicada a las pesadas labores del campo y así como a los moradores de poblaciones aledañas. Durante los festejos, se reúnen las familias enteras a convivir, e incluso aprovechan la presencia del padre encargado de oficiar la misa al santo, para que sus hijos sean bautizados. Algunas de estas familias tienen su origen en el siglo XIX y conservan interesantes anécdotas que contar.
Esa misión fue abandonada en 1859, debido a que las epidemias que ocurrieron entre 1800 y 1818, causaron que disminuyera la población y se calculó que en 1794 había 350 personas conviviendo en Santo Domingo.
MISIÓN DE SAN PEDRO MÁRTIR DE VERONA
En el mismo año que se fundó la misión de Santo Domingo los dominicos exploraron la sierra de San Pedro Mártir, sin embargo tuvieron que pasar 18 años para que el sitio fuera nuevamente visitado. En 1794 se fundó la misión de San Pedro Mártir de Verona por el padre Fray Cayetano Pallas, sin embargo la misión duro poco en su sitio original y se tuvo que trasladar a otro  paraje conocido como Ajantequedo donde actualmente la podemos visitar.
Haciendo una comparación con la misión de Santo Domingo de la Frontera, podemos decir que la situación es muy distinta. San Pedro Mártir de Verona esta lejos y es de difícil acceso, debido a su lejanía, ha sido prácticamente olvidada. Sin embargo, sigue siendo un sitio atractivo para los amantes de la historia y la naturaleza. El viaje para llegar al valle de la misión es largo, la mitad del camino se puede recorrer en vehículo y la otra mitad se recorre a pie en condiciones de terreno muy escabrosas.
Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz

Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz

Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Mina de Valladares Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Dentro de dicho trayecto se pueden visitar 3 sitios, el primero es Valladares, lugar donde el tiempo ha hecho una pausa en la época minera de finales del siglo XIX. Los grandes túneles cavados por los mineros nos hablan de como la fiebre por el oro los llevó a las entrañas de la tierra para extraer tan preciado metal. Algunas casas, el cementerio y la maquinaria abandonada son parte de este paisaje peculiar que ahora espera silenciosamente a solitarios gambusinos. El segundo, es el rancho San Antonio, a partir de ahí se empieza el recorrido a pie, en ese lugar la madre naturaleza ha hecho una gran labor, el arroyo cuyo nombre es el mismo al del rancho, alberga a la trucha Arco Iris. Durante la época de migración llegan a ese lugar parvadas de patos a tomar un descanso, y alimentarse. La variada vegetación de la península tiene su punto de reunión en San Antonio de los Murillo, los pinos de la sierra, la manzanita y nopaleras silvestres con cardones típicos del desierto ofrecen una visión extraordinaria, todo se conjuga para mitigar el cansancio de los viajeros, es algo muy especial.

Rancho San Antonio de los Murillo. Sierra de San Pedro Mártir. 1990
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Rancho San Antonio de los Murillo. Sierra de San Pedro Mártir. 1990
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
 Muy cerca de ahí, se encuentra el final de las cascadas del Chorro que se originan en los altos de la sierra San Pedro Mártir, sitio donde Fernando Jordán hizo el descubrimiento de lo que se creía era una casada de cientos de metros.
 El tercero, son las ruinas del rancho San Isidoro, que en un tiempo se usó para guardar ganado. Hay un corral grande que lo utilizaban los vaqueros cuando bajaban las vacas de la sierra, en la temporada de las “campeadas”, esta tarea duraba hasta dos meses. En una charla con el Sr. Roberto Sáenz Barraza, residente actual de El Sauzal de Rodríguez y viejo vaquero de la zona de San Pedro Mártir, fue uno de los que hicieron adobes para la casita de San Isidoro. En ese mismo lugar pasa el arroyo del Horno, nombre que fue dado por la presencia de estructuras de rocas que servían para fundir y separar el oro de una mina cercana.
El Horno. San Isidoro. Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

San Isidoro. Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

San Isidoro. Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
 Al Este del sitio San Isidoro, está el camino real que bordea en “zig-zag” los barrancos y cantiles que delimitan a la sierra y nos conduce directamente a la misión de San Pedro Mártir de Verona.
Camino Real hacia la misión de la Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Camino Real hacia la misión de la Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Camino Real hacia la misión de la Sierra de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
El camino real, después de subir la parte escabrosa, es amplio y bien definido a pesar que tiene más de 150 años sin usarse permanentemente. Cuando se llega al valle de la misión lo primero que se observa es su forma de embudo, al principio es amplio, mientras que al final es muy estrecho. A lo largo de todo el valle y en la parte central, lo corta un arroyo de aguas cristalinas mientras que en el perímetro del valle hay pinos muy frondosos y majestuosos. A causa de la abundante agua existe mucha humedad, que a simple vista es visible. Esto ha originado que en la mayor parte del valle existan pastizales, enormes helechos y gran cantidad de musgos, esto, confirma la fertilidad de la zona, misma que motivo a los misioneros a establecer la misión en ese sitio. Los restos de la misión se encuentran en la parte Oeste del Valle, en la parte más ancha y amplia. Casi en la parte central pegado a un costado del valle existen las paredes de lo que fue una cabaña, los restos están bien conservado, no se tratan de restos misionales. Roberto Sáenz Barraza, afirma que esa cabaña fue construida por el Sr. Cenobio Arce, tío de un sobrino de Roberto. Dicha cabaña la utilizaban para las “campeadas”.




Cabaña que según en comunicación personal de Roberto Arce. Construyo Cenobio Arce. 1990
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
Helechos grandes y frondosos en el valle de la Misión de San Pedro Mártir.1990
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Helechos grandes y frondosos en el valle de la Misión de San Pedro Mártir.1990
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
El valle de la misión tiene un inmenso atractivo natural e histórico, el encanto de este paraje ha hecho surgir leyendas, desde los aparecidos o jinetes a caballo, hasta aquellos que cuentan acerca de un tesoro que escondieron los misioneros, en un lugar conocido como “La piedra del Diablo”. En realidad la misión se ha visto seriamente afectada por el paso del tiempo, hoy en día sólo se pueden observar montículos de tierra de lo que alguna vez fueron las paredes de adobe.
Restos Arqueológicos en la Misión de San Pedro Mártir. 1990
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Restos Arqueológicos en la Misión de San Pedro Mártir. 1990
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
Sin embargo, aún se puede calcular la dimensión de la construcción, todavía se encuentra en buen estado, parte de lo que fueron los cimientos, incluso, con un excelente estudio histórico y arqueológico se podría reconstruir esquemáticamente la misión, desde donde estaba el altar, las bodegas, los dormitorios, etc. En un costado, está el cementerio de la misión, delimitado por un muro muy bien conservado, se pueden ver los amontonamientos de piedras donde señalan cada una de las tumbas, la vegetación que ha crecido en esa área ya ha cubierto gran parte del cementerio.
Misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
Tumbas olvidadas en la misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Tumbas olvidadas en la misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Tumbas olvidadas en la misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 

Cementerio  en la misión de San Pedro Mártir. 1990.
Foto: Luis Manuel Guzmán Muñoz 
Por las noches se puede observar un cielo hermoso y totalmente “estrellado” y claramente se ve la vía láctea, además sólo se alcanza a escuchar el susurro del viento. Tal vez esto fue lo que más extrañaron los misioneros cuando tuvieron que abandonar el lugar en 1824. Dos causas fueron por las que abandonaron la misión, el aislamiento y la  poca población. Los pocos que quedaron se tuvieron que trasladar  misión de Santo Domingo, donde seguramente no volvieron a escuchar el susurro del viento entre los pinos.
  
El tiempo se ha encargado de que se olviden estos sitios hermosos, a pesar de que son históricamente muy importantes, estos lugares son el patrimonio cultural de nuestro Estado, cuando llegues a estar en alguno de ellos consérvalo y cuídalo, son tuyos y de tus hijos.
Nota: Este artículo ya fue publicado en: Voces de la Península: Revista de Geografía e Historia de Baja California. Número 1, año 2003 Enero - Marzo. El material fotográfico es actualizado y son inéditas ya que no fueron publicadas en el artículo original u otro medio. Puedes usar la información y material fotográfico siempre y cuando no se persigan fines comerciales, políticos o de lucro mencionando la fuente y autor. Gracias.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
 Del Barco Miguel. 1988. Historia Natural y Crónica de la Antigua California. Edición y estudios preliminares de Miguel León Portilla. Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, México, D.F.
 Ives, Ronald L., 1984. José Velázquez, Saga of a Borderland Soldier. Arizona State Museum, Tucson, Arizona.
Mathes, Miguel. Las misiones de Baja California. Publicado por el Gobierno del Estado de Baja California Sur y el II H. Ayuntamiento de La Paz. Editorial Aristos SA de CV. 1977.
 Meigs, Peveril. 1935. The Dominican Mission Frontier of Lower California. Berkeley, University of California, Publications in Geography. USA.
Nieser, Albert B. 1998. Las fundaciones Misionales Dominicas en Baja California 1769-1822. Universidad Autónoma de Baja California. (Colección, Baja California: Nuestra Historia. Tomo 14.)

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